sábado, 30 de noviembre de 2013

La historia de Nuestras Hdades. hoy...La Santa Vera Cruz




El mes de abril de 2005 trajo para los hermanos de la Santa Vera Cruz una magnífica noticia: el obispo de Córdoba, Juan José Asenjo, confirmaba la erección canónica de la Hermandad más antigua de la localidad, cuyas primeras referencias históricas datan de la primera mitad del siglo XVI.


Desde el año 2000, un grupo de jóvenes se propuso rescatar las interesantes raíces de esta cofradía que condensa más de cuatro siglos de historia. “La Junta de Gobierno, con la inestimable colaboración de su consiliario, Miguel Varona Villar, se planteó como objetivo primordial recuperar la primitiva esencia cofrade que, desde sus orígenes allá por 1535, promovió en Montilla el culto y la veneración al Santo Cristo de Zacatecas y a Nuestra Señora del Socorro”, explicó el Hermano Mayor de la cofradía, Antonio Luis Jiménez.

La hermandad, que durante siglos celebró la Invención de la Cruz, una festividad que congregaba cada 3 de mayo a centenares de montillanos en torno a la desaparecida ermita de la Vera Cruz, “ha acogido con gran satisfacción la aprobación del estatuto marco por parte del Obispado, así como el reconocimiento de su antigüedad”, según afirmó el responsable de la corporación.
Aunque el origen de la veneración a la Santa Cruz se remonta al año 292, cuando la emperatriz Elena pidió autorización a su esposo Constancio Cloro para buscar la reliquia del Sagrado Madero en Tierra Santa, la devoción popular no llega a Montilla hasta bien entrado el siglo XVI.

 “Entre 1541 y 1557, bajo el mandato del obispo Leopoldo de Austria, se fundan en la diócesis de Córdoba la mayoría de las cofradías de la Santa Vera Cruz de la provincia”, comentó Antonio Luis Jiménez, quien aseguró que “en Montilla tenemos constancia documental del culto y veneración a la Santa Cruz desde los primeros lustros de la Edad Moderna”.

 De hecho, la primera y más importante reliquia de la pasión y muerte de Jesucristo llegó a la villa de Montilla gracias a una donación que hizo el cardenal presidente del Concilio de Trento al Duque de Feria, Gómez de Figueroa. “Además, junto al lignum crucis, se hizo llegar una de las espinas de la corona de Jesucristo que aún se conserva en el convento de Santa Clara”, explicó Antonio Luis Jiménez, quien destacó que “se concedió también una indulgencia perpetua de cien días de perdón a todos los que visitaren el templo en que se encontraba la reliquia a lo largo de cinco días al año”.

                                                                                                        Fuente: Santa Vera Cruz
 

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